Y así desperté, no con la noción de quien era ni lo que
deseaba ser, sencillamente abrí aquellos pequeños atisbos de soledad taciturna
que embriagan de amargura mi inexistente corazón, me reí de mí, de mis seres
sanguíneos, de los egregores y finalmente de la vida misma, reí hasta desgarrar
mi garganta y escribí un rondo de depravación parecido a los de Wagner donde
guion se escribía conforme se iba pensando quise ser Sigfrido y fue en ese
momento que las dulces vacilaciones se acumularon en lo profundo de mi psique vacía
y mientras las garras de lo humano arrancaban mi vida a pequeños pedazos,
disfrutaba el espectáculo con una sonrisa de satisfacción en mi rostro pues aquel
espectáculo me hacía sentir por mucho bastante excitado, pues era como
observarme a mí mismo ser consumido por las fauces de la oscuridad existencial
y su vez se me presentaba a mi como el espectador principal de aquella obra, combinación
perfecta de destrucción y creación misma, sin embargo ocurrió lo esperado mi estúpida
inconsciencia me saco de aquel estupor finamente creado, golpeando mis nervios
destrozados con la calamidad de aquel mundo onírico que tanto detesto, escape
como cualquier ser en mi posición lo hubiera hecho, emprendí mi graciosa huida
repleta de risas de fondo y cinismo asqueroso pero halagador, me coloque con
prisa mi traje de luto color carmín y salte al escenario a debatir conmigo
mismo, así es, con mi ser anteriormente destrozado sobre la literatura, la poesía,
los demonios internos y sin darme cuenta mi público invisible comenzó a
aplaudir y yo en mi éxtasis mental, continúe con mi sublime monologo que se apagaba
poco a poco como una llama, que por ratos flaqueaba y en otros lanzaba
llamaradas que parecían consumir todo a su paso, mis ojos se inundaron de inocente
oscuridad y llegue al clímax de mi obra ese donde mi propio ser yacía consumido
por la existencia humana y yo estaba ciegamente entregado a mi sutil acto de
comedia, donde llore mientras reía y me deprimí mientras sentí felicidad y fue así
que lo supe aquel trozo de carne que se había consumido caminaba entre el sucio
mundo, pero yo me mantenía erguido con el sudor en la frente y el alma llena de
satisfacción, en aquel pequeño escenario supe que en realidad ese era yo, la
llama del sarcasmo y la sonrisa de la desesperación, lamentablemente el telón
indicaba que había que llegar al desenlace y ennegrecí de ira me rasgue las
ropas y busque en mis entrañas mi corazón pero recordé que nunca lo tuve y reí,
reí hasta llenar los fondos vacíos del salón donde al final me consumí en una
majestuosa comedia de la que solo quedo aquel traje carmesí…
Fue entonces cuando ese maldito ente persecutorio irrumpió en
mi acto culminado y me llevo a través de los túneles de la cordura a ese
maldito sueño que odio y desprecio, mas sin embargo no me deja de hacer sonreír,
ese blasfemo lugar que suelen llamar realidad.
Amen. Jajajajajaja.


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